el campeón

04 diciembre 2008

"el número seis"

se deshace
la mujer dada vuelta

la espera
es la espera de la espera

inocuos
pueden ser los pensamientos

y dejar por fin
de tener que tener implicaciones

se deshace
el virus de lo aparente

la plástica metafísica
de hacer yoga

"antes
las cosas eran distintas"

pero las cosas, señora,
no tienen momento

las cosas nunca están quietas
y por lo tanto

no son
ni eran

usted es...
ese es el problema

y se deshace
la angustia de no tener paz

de nunca llegar
a una playa vacía

siempre estacionamiento
de una emboscada de sociedad

un callejón
rodeado de bestias:

las costumbres, la ética,
los pensamientos,

la colmena
deshace al hombre

que quiere ser abeja
para por lo menos

sentirse atrapado
con un sentido

sin momento
de 'soy' o 'era'




hexagonal
es el recipiente

de lo cabal:
abandonarnos.






goyeneche
28.11.2008

21 noviembre 2008

A la señora que le molesta mi piano



La música no tiene leyes. No tiene límites. No se rige por el dinero. Ni por las normativas estatales, ni por los horarios. La música es lo único que me aleja de este mundo de límites. El ruido, molesto o no, es exactamente lo mismo que la música. Es algo físico que no se atiene a nada. Son vibraciones.

Ahora bien, usted tiene la capacidad de llamarme cada vez que yo toco el piano. Tiene agendado mi teléfono en su discador rápido seguro, con tocar #7 llama al chico que toca el piano y no la deja dormir. Yo no tengo su teléfono, ni pienso averiguarlo ni pienso llamarla. Pero usted nunca me deja tiempo para contestarle nada. Usted habla y corta. Usted dice lo que tiene que decir y corta. Usted habla con la policía y corta. Usted habla con la administración y corta. Usted habla con el puto universo y corta. Pero usted no es la única persona que vive acá. Si su salud es silencio. Mi salud es música y ruido. Si su salud es quietud, mi salud es romper con la quietud. ¿Y la salud de quién vale más?

¿Hay una diferencia entre su salud y la mía? Sí, son opuestas. Su salud está con la Ley, con la Policía, con la administración de recursos, con el Estado, con el Código Penal, con el Código de Salud, etc. Mi salud está con la libertad, la música, la falta de límites, la expresión, el espíritu; y el silencio (que usted me impone) no es mi salud. Conclusión: Nuestras saludes nunca van a congeniar. Porque dentro de mi plan no está el de gastar EUROS en una ALFOMBRA MACROCONDENSADA DE UN MATERIAL DE NO SÉ QUÉ MIERDA que no me interesa. Dentro de mi plan no entra que la música me genere ningún tipo de gasto. Porque el piano existe, es mecánico y no necesita ni electricidad, ni gas, ni agua, ni una cuenta en un banco, ni tener un número de celular, ni ponerle un billete debajo de la caja cada vez que toco. El piano sólo necesita de mis manos y mi libertad de expresión. Y si usted quiere hacerme gastar plata por mi capacidad de tocar el piano, usted está equivocada. Hay una diferencia muy grande: usted acepta que a favor de su salud se gaste dinero y yo no.

Así que si su salud es el silencio y la mía el ruido, el gasto por el silencio, debe hacerlo la persona que sufre el ruido. Así como yo debería gastar en repelentes para insectos si me meto en la selva, usted debe pagar una alfombra que genera silencio por haberse metido en la selva de mi piano.
Atte.,
Sebastián Goyeneche

11 noviembre 2008

Doctor,

Hay un punto sobre el cual habría querido insistir: es el de la importancia de la cosa sobre la cual actúan sus inyecciones; esta especie de relajamiento esencial de mi ser, esta reducción de mi estiaje mental, que no significa como podría creerse una disminución cualquiera de mi moralidad (de mi alma moral) o siquiera de mi inteligencia, sino más bien de mi intelectualidad utilizable, de mis posibilidades pensantes, y que tiene que ver más con el sentimiento que tengo yo mismo de mi yo, que con lo que muestro de él a los demás.

Esta cristalización sorda y multiforme del pensamiento, que escoge en un momento dado su forma. Hay una cristalización inmediata y directa del yo en el centro de todas las formas posibles, de todos los modos del pensamiento.

Y ahora, señor Doctor, que ya está usted bien al tanto de lo que en mí puede ser alcanzado (y curado por las drogas), del punto de litigio de mi vida, espero sabrá darme la cantidad de líquidos sutiles, de agentes especiosos, de morfina mental, capaces de elevar mi abatimiento, de equilibrar lo que cae, de reunir lo que está separado, de recomponer lo que está destruido.

Mi pensamiento le saluda.






Antonin Artaud, s/t en El ombligo de los limbos, Ed. Aquarius, 1972.

30 octubre 2008

"club de la guerra"


la posibilidad
de relajarse

todo lo que tengo
para tí

está ilustrado
en el idioma de la ropa

la posibilidad
de aislarse
dónde comienza

la pluma

dónde el olfato
es luz

dimos la miseria
enarbolada
y dispuesta
al augurio
de todos esos sexos
mirándote
a través de los ojales

de sus idiomas

tu cabello
mirilla predispuesta
sobre el faro
apagado
de tu cuerpo desnudo

árbitro
de la oscuridad
sillones huecos
son mis posibilidades
de verbos

caés acá rendida
y te obligo
a darme tu verbo

la aridez
de estos maniquíes
anestesia
este poema

el grito del flamenco
que no puede expresarse
por culpa
de esos áridos orgasmos
encorsetados

por culpa de lo ácido
de su gratuitidad
de su maldita
posibilidad-pasillo
de la gratuitidad

no hay que torcer
las situaciones

alude la voz
del video

una vuelta de tuerca

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el mal


ningún mensaje envejece

los campesinos

carnaval