el campeón

10 mayo 2007

Shklovski:

"El poeta no se atreve a decir una palabra transracional; la trans-significación se oculta habitualmente bajo la apariencia de una significación engañosa, ficticia, que obliga a los poetas a confesar que ellos no comprenden el sentido de sus propios versos."

29 abril 2007

(sic)

¿Sexo, drogas y elevación!


Llega un punto en el que no podemos obtener más satisfacción. Llega ese punto. ¿Y entonces qué, queridos buscadores de placer?, ¿dónde buscar?, ¿en el tacho de basura con forma de control remoto?

El vidente inglés William Shakespeare lo escribió en un soneto: "a expensas del espíritu, la lujuria". Y aquí está el punto. Bebidas para la careta -el cuerpo- no satisfacen nuestro verdadero rostro -el alma-

Me cansé del embalaje, lo que importa es lo de adentro. ¡I am not a robot. Estos cuerpos son de cartón!

Te hago una propuesta: para tu cumpleaños quedate con el papel y las cajas de los regalos y dejame los regalos a mí, ¿querés?

Por eso yo pongo stop: al absurdo maquillaje del cuerpo: drogas, alcohol, sexo loco, gula carnívora: según la ciencia de los chakras, tenemos un aura. Este aura es una energía protectora cuya fuerza viene del alma y de cómo andan funcionando nuestros circuitos de amor.

Un estudio revela que nuestro cuerpo emocional es como un mandala (una flor) que necesita de por lo menos doce personas (los pétalos de la flor) con las cuales periódicamente tener intercambios afectivos sólidos: amigos, familiares, compañeros. Menos de cinco personas en nuestro mandala producen dolores emocionales, disminución del aura, y por ende enfermedades que se manifiestan en las zonas débiles de nuestro sistema de defensa emocional: el aura.

Dato novedoso: el aura, ¡también se nutre del semen! Si el semen sube a la cabeza, ¡elixir para las neuronas: la potencia del aura incrementa! Si baja -te tentaste en el kiosco...- y sale por el órgano genital, el aura disminuye (ojo con la construcción de falsos diques de represión, ¡no vaya a ser que rebalsen las compuertas!).

Por eso, ¡todas las glorias al amor de pareja, el cual permite que el néctar de la vida sexual fluya como un río torrentoso hacia el mar de la pacífica paternidad!

La violencia en general, incluyendo la ingesta de carnes, oscurece el aura. Y las sustancias embriagantes, por su lado, producen agujeros en el aura, por donde toda la energía podrida de la ciudad entra y nos deja knock out. ¿Mejor ser guerreros espirituales, no?

Yo me cansé de aprender a los golpes. Hoy voy a evitar el veneno de ayer. Parecían cañas de azúcar. Eran culebras que me vinieron a morder.

El cuidado del aura es el marco necesario para pintar el cuadro. En el marco de una vida tranquila -ser buena persona y responsable, naturales, salud, artes, filosofía- podemos: salir a conocer el mejor placer: el espiritual, y entonces saturarnos los sentidos -oídos, lengua, olfato, tacto, vista- con un increíble disfrute, siempre nuevo, nuevo y en aumento.

Ese disfrute -la miel de la felicidad- se obtiene por sumergir los sentidos (o meditar) en las formas (mirar, adorar), nombres (cantar, rezar), y actividades (leer, escuchar) de Dios. Porque Él también es un persona, ¿no?... pero ¡qué persona! El mejor bailarín, el que come las comidas más ricas, el más divertido, ¡todo! ¿Te animás? Hay más placer... mucho mucho mucho más placer que el que nunca te atreviste a imaginar.

Pablo Schteingart. "¿Sexo, drogas y elevación!". Nota publicada en la Revista Néctar, más placer detrás de las caretas. Abril de 2007.

27 abril 2007

Baga-biga-higa

Baga, biga, higa,
laga, boga, sega,
Zai, zoi, bele,
harma, tiro, pun!
Xirristi-mirristi
gerrena plat,
Olio zopa
Kikili salda,
Urrup edan edo klik...
ikimilikiliklik...




Mikel Laboa, "Baga, biga, higa".
Álbum: Bat hiru (1974)

22 abril 2007

De las ballenas pintadas: en dientes de madera; en planchas de hierro; en montañas, en estrellas.


Un largo exilio del mundo cristiano y la civilización vuelve inevitablemente al hombre a esa condición en que Dios lo creó, es decir, a lo que se llema el estado salvaje. El verdadero cazador de ballenas es tan salvaje como un iroqués. Yo mismo soy un salvaje que sólo debo obediencia al Rey de los Caníbales y estoy dispuesto en cualquier momento a rebelarme contra él.
Ahora bien: una de las características peculiares de estos salvajes, cuando están en su propio ambiente, es su paciencia maravillosa y su laboriosidad. Una antigua maza de guerra o un asta de lanza de las islas Hawaii es, por la variedad y elaboración de su talla, un trofeo de la perseverancia humana tan grande como un diccionario latino. Porque esa milagrosa red de incisiones en la madera se hace con un pedazo de concha marina o con un diente de tiburón, y cuesta años de trabajo constante.

[...]
En algunas de esas viejas casas campesinas con tejados a dos aguas suelen verse ballenas de bronce colgadas por la caola, a modo de llamadores, en la puerta de calle. La ballena con cabeza de yunque es muy útil cuando el portero se duerme. Pero estas ballenas-llamadores son muy poco notables en cuanto a su fidelidad. En los campanarios de las iglesias antiguas pueden verse ballenas de hierro que hacen las veces de veletas; pero están a tal altura, y rodeadas de tantos letreros que prohíben tocarlas, que es imposible acercarse a ellas lo bastante para examinarlas.
En las regiones huesudas y esqueléticas de la tierra yacen, al pie de altos acantilados, montones de rocas que forman grupos fantásticos en la llanura; entre ellas, de cuando en cuando se descubren imágenes como de leviatanes petrificados, en parte hundidos en la hierba que, en los días de viento, rompe contra ellos como un verde oleaje.
[...], cuando la idea de la ballena nos arrebata, no podemos sino ver grandes leviatanes dibujados en los cielos estrellados, con botes que los persiguen, así como los pueblos orientales, durante tanto tiempo obsesionados por la idea de la guerra, veían ejércitos en posición de batalla entre las nubes. Así, en el cielo del norte, yo busqué al leviatán en torno al Polo, en las mil revoluciones de los puntos luminosos que me lo habían mostrado antes.
[...]¡ojalá pudiera yo montar esa ballena y saltar por encima de los cielos más altos para ver si los fabulosos paraísos, con todas su tiendas innumerables, han acampado realmente más allá de mi vida mortal.





Herman Melville, Moby Dick (1851), cap. LVII.

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